Señoras y señores, muy buenas noches.
Durante siglos, médicos, científicos y personajes de muy distinta procedencia han buscado una respuesta a una pregunta que ha demostrado una extraordinaria resistencia al paso del tiempo:
¿cómo conseguir que una persona pierda peso?
Esta noche hemos reunido a algunos de los candidatos más singulares de esa larga historia.
Llegan de distintos lugares y épocas, y representan formas muy diferentes de entender la obesidad y su tratamiento.
Todos vienen con una propuesta.
Algunas resultarán sorprendentemente familiares.
Otras harán que agradezcamos profundamente haber nacido en otro siglo.
Todo está preparado.
Comienza el Festival del Adelgazamiento.
🇬🇷 Cos (Grecia): Hipócrates
Representando a Cos, Hipócrates.
Médico de la isla de Cos y una de las grandes figuras de la medicina antigua, llega al festival desde el siglo V a. C. con una propuesta para perder peso que exige bastante entusiasmo por parte del paciente.
Su número combina ejercicio intenso antes de comer, una sola comida al día, dormir sobre una superficie dura y prescindir de los baños.
Y todavía se guarda algo para el final:
caminar desnudo tanto tiempo como sea posible.
🇨🇭 Ginebra (Suiza): Théophile Bonet
Representando a Ginebra, Théophile Bonet.
Médico del siglo XVII y autor de un voluminoso manual práctico, llega al festival con una ventaja difícil de superar: no trae una sola propuesta. Trae un repertorio entero.
Entre los tratamientos contra la obesidad que recoge aparecen el vinagre, los purgantes, la sudoración, el ejercicio intenso, pasar hambre, pasar sed y hasta exponerse al calor del sol o de una estufa.
Pero nuestro representante todavía se guarda un número para el final.
Bonet cuenta el caso de un noble con un exceso de peso tan importante que apenas podía montar a caballo ni caminar. En el relato, su recuperación se atribuye a un método muy concreto:
masticar hojas de tabaco.
Y eso, naturalmente, le concede a Ginebra una candidatura difícil de ignorar.
🇬🇧 Sheffield (Inglaterra): Thomas Short
Representando a Sheffield, Thomas Short.
Médico inglés, llega al festival desde 1727 convencido de que el lugar donde vivimos puede tener mucho que ver con nuestro peso.
Ha relacionado la corpulencia con vivir en zonas llanas, húmedas o pantanosas y extrae de aquello una recomendación terapéutica difícil de olvidar.
Si vive usted en uno de esos lugares:
múdese.
Nada de contar calorías. Nada de pesar alimentos. Nada de gimnasio.
Cambie de paisaje.
🇬🇧 Brigg (Inglaterra): Malcolm Flemyng
Representando a Brigg, Malcolm Flemyng.
Médico escocés, llega al festival desde el siglo XVIII con una teoría bastante gráfica sobre la corpulencia: el sudor, la orina y las heces contienen parte del «aceite» corporal y, para adelgazar, habría que favorecer la eliminación de ese aceite.
Su número propone hacerlo tomando jabón por vía oral.
Según Flemyng, el jabón consigue que el «aceite animal» se mezcle mejor con los líquidos del organismo y facilita así su eliminación. Está tan convencido de la seguridad del método que asegura que puede utilizarse a diario durante años.
Y no viene con las manos vacías: presenta el caso de un médico que pesaba 291 libras y perdió más de 28 libras.
El jabón acaba de abandonar oficialmente el lavabo.
📺 Pausa publicitaria histórica
Mientras nuestros siguientes participantes se preparan, recuperamos dos productos que realmente se comercializaron en el pasado.
La imagen que sigue es una recreación gráfica de anuncios históricos. Fatoff y Human-Ease no son productos actuales ni recomendaciones de este blog.
Volvemos al Festival del Adelgazamiento.
🇺🇸 Lawrence, Massachusetts (Estados Unidos): Horace Fletcher
Representando a Lawrence, Horace Fletcher.
Empresario convertido en reformador de la alimentación, llega al festival a finales del siglo XIX con una propuesta que no exige contar calorías ni eliminar alimentos.
Su número consiste en masticar. Muchísimo.
Fletcher recomienda mantener cada bocado en la boca hasta reducirlo prácticamente a líquido y no tragarlo hasta que esté preparado para hacerlo casi por sí solo.
La idea acaba teniendo nombre propio: Fletcherismo.
Y su creador también:
The Great Masticator.
🇺🇸 Battle Creek, Michigan (Estados Unidos): John Harvey Kellogg
Representando a Battle Creek, John Harvey Kellogg.
Médico y director de un célebre sanatorio, llega al festival a finales del siglo XIX convencido de que la electricidad, el calor y la luz también pueden tener algo que decir en el tratamiento del exceso de peso.
Su número consiste en sentar al paciente dentro de un pequeño gabinete revestido de espejos y rodeado de bombillas incandescentes.
El invento recibe un nombre bastante menos alarmante que su aspecto:
baño de luz eléctrica.
Kellogg sostiene que aquella intensa exposición al calor y a la luz favorece la sudoración y constituye un medio especialmente agradable para «reducir carne».
Una especie de sauna eléctrica con iluminación de camerino.
Pero con muchas más bombillas.
🏆 Premios del Festival del Adelgazamiento
Señoras y señores, las actuaciones han terminado, pero no abandonen todavía sus asientos.
El jurado ha deliberado y ha decidido que una noche como esta merece más de un reconocimiento.
Premio al vestuario más atrevido
Hipócrates
Por incorporar al tratamiento una medida difícil de adaptar a todas las estaciones del año: caminar desnudo tanto tiempo como sea posible.
Premio al mejor repertorio
Théophile Bonet
Por llegar con vinagre, purgantes, sudoración, hambre, sed y calor y, cuando parecía que no quedaba nada más en el repertorio, sacar las hojas de tabaco.
Premio a la mejor solución inmobiliaria
Thomas Short
Por convertir una mudanza en intervención terapéutica.
Premio a la propuesta más limpia
Malcolm Flemyng
Por sacar el jabón del lavabo y encontrarle una nueva carrera profesional.
Premio al método más laborioso
Horace Fletcher
Por convertir cada bocado en una ocupación a tiempo completo.
Premio a la mejor puesta en escena
John Harvey Kellogg
Por combinar espejos, electricidad, calor y una cantidad difícil de superar de bombillas.
Había que dárselo.
Despedida
Señoras y señores, hasta aquí el Festival del Adelgazamiento.
Imaginación, desde luego, no ha faltado.
Gracias por acompañarnos.
Y recuerden que, si después de esta gala alguien les recomienda mudarse a una colina mientras mastican concienzudamente dentro de una caja de bombillas…
quizá sea mejor pedir una segunda opinión.
Buenas noches.
Cuando se encienden las luces
La gala ha terminado, los premios están entregados y nuestros participantes pueden retirarse satisfechos.
Pero antes de cerrar el teatro conviene encender una luz bastante menos favorecedora:
la de la evidencia actual.
Veamos qué queda de sus propuestas cuando han pasado los siglos.
🇬🇷 Hipócrates
De todo su número, hay una parte que ha sobrevivido con bastante dignidad: el ejercicio.
La actividad física sigue formando parte del tratamiento de la obesidad, dentro de un abordaje mucho más amplio que puede incluir cambios en la alimentación y la conducta, medicamentos y cirugía metabólica.
Lo de comer una sola vez al día no ha demostrado una ventaja especial por sí mismo para controlar el peso. Dormir sobre una superficie dura o caminar desnudo tampoco han conseguido hacerse un hueco en las guías clínicas.
La ropa puede volver al armario.
🇨🇭 Théophile Bonet
Aquí el reparto de puntos es más complicado.
El vinagre ha sobrevivido sorprendentemente bien al paso de los siglos. Una revisión paraguas reciente encontró reducciones pequeñas del peso corporal en los metaanálisis incluidos, aunque los resultados no fueron consistentes para otras medidas de adiposidad. Eso está bastante lejos de convertirlo en un tratamiento de la obesidad.
El tabaco plantea una paradoja menos simpática. La nicotina puede reducir el apetito y aumentar el gasto energético, pero sus efectos adictivos y los daños asociados al consumo de tabaco hacen de esta una estrategia imposible de defender como tratamiento.
Y sudar o purgarse puede cambiar momentáneamente el número de la báscula por pérdida de agua o de contenido intestinal.
El tejido adiposo permanece bastante menos impresionado.
🇬🇧 Thomas Short
Aquí podemos ser breves.
El entorno en el que vivimos puede influir en nuestros hábitos y en las oportunidades para comer o movernos.
Pero abandonar una zona húmeda y trasladarse a una colina no es un tratamiento para la obesidad.
Las mudanzas pueden quedarse fuera de la receta.
🇬🇧 Malcolm Flemyng
El tejido adiposo no es una mancha de grasa en una sartén.
La grasa almacenada en los adipocitos se moviliza mediante procesos metabólicos regulados, entre ellos la lipólisis. Tomar jabón no emulsiona nuestras reservas de grasa ni las conduce hacia la salida.
Aquí la ciencia moderna permite emitir un veredicto especialmente satisfactorio:
el jabón vuelve definitivamente al lavabo.
🇺🇸 Horace Fletcher
Y llega la sorpresa de la noche.
Fletcher no estaba completamente equivocado.
La masticación prolongada puede reducir el hambre y la cantidad ingerida en algunos experimentos. Una revisión sistemática encontró señales en esa dirección, aunque con estudios heterogéneos y sin demostrar que masticar más constituya por sí mismo un tratamiento de la obesidad.
Y en 2011 ocurrió algo que habría hecho inmensamente feliz a nuestro concursante: unos investigadores decidieron probar expresamente el Fletcherismo.
Compararon 35 masticaciones por bocado frente a 10 y observaron una menor ingesta en aquel pequeño estudio.
Fletcher puede abandonar el teatro con la cabeza bastante alta.
Y, probablemente, masticando.
🇺🇸 John Harvey Kellogg
El gabinete de bombillas consigue hacer exactamente una de las cosas que Kellogg esperaba:
hacer sudar.
Y sudar puede hacer que la báscula marque menos durante un rato, porque se pierde agua.
Eso no equivale a perder tejido adiposo.
El baño de luz eléctrica de Kellogg existió realmente: un pequeño gabinete revestido de espejos y rodeado de bombillas incandescentes, pensado para producir calor y sudoración y defendido por su creador, entre muchas otras indicaciones, como un medio agradable para «reducir carne».
Hoy podemos concederle la espectacularidad.
La pérdida de grasa, no.
Quizá lo más interesante no sea descubrir cuánto se equivocaron, sino comprobar que algunas buenas preguntas estaban escondidas dentro de respuestas extraordinariamente malas.
Bibliografía
Historia de los tratamientos
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